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martes, 16 julio, 2024

    Propuesta musical para preservar el medio ambiente en la Sierra Nevada

    José Villafañe, rey vallenato arhuaco,  fucionó la música tradicional arahuaca y el vallenato.

    Estas joyas, de José Ricardo Villafañe, nacen del corazón de la Sierra Nevada.
    Cortesía José Ricardo Villafañe

    Ludys Ovalle Jácome
    Especial para El Tiempo
    Valledupar

    José Ricardo Villafañe Álvarez, rey vallenato arhuaco, se siente orgulloso de ser parte de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Cuando interpreta los ritmos vallenatos de paseo, puya, merengue y son, desborda sus emociones. Para él, muchas de estas melodías tienen una conexión directa con la naturaleza, las aves, el agua, las tradiciones y la esencia de su tierra ancestral.

    Reflejo de estas notas armoniosas quedaron plasmadas en una de las puyas que interpretó el año pasado, durante la edición 54 del Festival de la Leyenda Vallenata, cuando se coronó Rey Vallenato, marcando un hito en la historia del concurso.

    “La inspiración me brotó cuando estaba en la finca de mi papá y escuchamos el canto de un turpial. Me sugirió que interpretara una melodía basada en las aves. Grabé el canto en el celular y lo repliqué en el acordeón. Caló perfectamente en el compás de la puya”, detalló. El músico aspira seguir cosechando éxitos y enviar un mensaje universal sobre la protección de la madre tierra, apropiándose de los pilares de sonidos, acordes del acordeón y otros instrumentos, para reflexionar sobre las ‘Joyas perdidas desde el corazón del mundo’.

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    La inspiración me brotó cuando estaba en la finca de mi papá y escuchamos el canto de un turpial.

    Se trata de una producción en que se fusiona el chicote, música tradicional arhuaca con los aires vallenatos como elemento de fortalecimiento cultural y transferencia de pensamiento ancestral al mundo.

    “Es un proyecto que estoy liderando en que a través de la sinfonía de sonidos se puede sincronizar muchas melodías que conectan los latidos del corazón con nuestros pasos sobre la tierra, el medio ambiente que nos rodea, nuestro accionar con el mundo”, explica el acordeonero.

    Su propuesta aspira afianzar valores, saberes culturales e idiosincrasia del pueblo arhuaco para que las generaciones de esta etnia y los bunachi (no indígenas) se sumen a la protección y preservación de los ríos, las montañas, los árboles, los animales que se encuentran en peligro por la falta de conciencia ambiental.

    “Teniendo en cuenta que ambas culturas convivimos en un territorio común y conformamos una sociedad, se hace necesario que estas y nuevas generaciones se apropien del valor por lo propio. Pretendo rescatar la sensibilidad del ser en los individuos conectarlos con las vibras energéticas que nos hacen seres diferenciales”, resalta.

    Un trabajo pensado en el territorio

    La producción musical comenzó a grabarse en un estudio en Valledupar, donde participan 25 músicos, entre ellos arhuacos e indígenas, quienes implementan las nuevas tecnologías.

    “Es una grabación digital que lleva implícita una presentación de lujo con acordeoneros, percusionistas, vocalistas, músicos de viento (carrizos-charo). Incluye un estuche donde se protege el Disco Compacto (CD). En la contraportada se describe el contenido de cada melodía con efectos sonoros de la Sierra Nevada”, destaca Villafañe

    Escuela en Sierra Nevada

    Villafañe Álvarez es licenciado en música, aprendió a tocar acordeón a los 14 años en la Academia de Música Vallenata de Andrés ‘El Turco’ Gil, gracias a una beca que le ofreció el maestro.

    Su talento por el instrumento de fuelle es heredado por sus ancestros y está convencido de que el género vallenato está intrínsicamente ligado al chicote, música tradicional del pueblo arhuaco.

    “La familia Villafañe tiene muchos miembros que interpretaron la música del chicote con carrizos y fueron precursores de llevar estas melodías al acordeón, adoptando este instrumento como elemento referencial en la música tradicional”, subraya.

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    Para salvaguardar las tradiciones de estos cantos y la combinación de los ritmos ancestrales pretende implementar una escuela de música autóctona en la Sierra Nevada de Santa Marta, vinculando para ello la pedagogía y el conocimiento adquirido durante su experiencia y la de otros indígenas.

    “Quiero vincular el conocimiento de los mayores (ancianos) para que no se pierdan las memorias vivas enmarcadas en la oralidad, que concibe la sabiduría que habita en ellos como conocedores de nuestro origen musical”, enfatiza.

    En este sentido, el músico requiere el apoyo del Ministerio de Cultura, la Gobernación del Cesar e instituciones internacionales para expandir la semilla de esta riqueza cultural entre los miembros de su etnia, para su crecimiento artístico, musical y estímulo de superación integral.

    “Este proyecto es muy costoso, por ello requiero de recursos económicos y apoyo de muchas entidades para sacar adelante esta iniciativa”, puntualizó.

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